El conejo
enjaulado que no podía llorar
Por Alberto Navarrete
Para Mix que
escuchó mis delirios y no se burló en mi cara.
Un conejo
llamado Calancho en la gran guerra de las papas encantadas se lastimó
gravemente la boca, le quedo una cicatriz en el paladar superior y cada vez que
comía o bebía no podía contener las lágrimas, lloraba todos los días. El
cocodrilo Calancho era el apodo que su mas cercanos amigos le pusieron. Vivía
cómodamente en una pequeña jaula, de un metro y medio de largo y uno de ancho.
Abajo tenia paja fresca y periódico, este lo cambiaban una vez a la semana. Lo
alimentaban como al reloj, todas las mañanas y tardes le tocaba su ración de
comida. Se mantenía ejercitado, luego del desayuno daba dos saltos completos y
repetía esta rutina 4 veces más. Aunque era malhumorado tenía una decente
cantidad de amigos, pero la soledad del amor lo volvió frio y soñador. Deliraba
mañanas enteras con que su capitán águila lo rescatase de su cómoda jaula con
un comando especial formados de ratones, conejos y un perro, si algún día lo
rescataban tenían que traer a dutus, un bulldog de dos metros que batalló pata
a pata con él hace mucho tiempo.
Una mañana cálida
pero agotadora por la humedad de la zona reubicaron a copita a esta jaula, una
conejita citadina, tan bella que tenia nada más y nada menos 3 concursos de
belleza encima. Terminó ahí por culpa de malentendidos de una guerra
asimétrica. Ese preciso día todo el universo cambiaría, bueno si por universo
te refieres a la vida del pobre Calancho. Apenas empezaron a abrir la jaula las
cadenas cantaron y las campanas repartían alas a diestras y siniestras. El
tiempo empezó a cambiar, alargándose infinitamente, el corazón latía a treinta
mil revoluciones por minuto, el sonido se desvaneció, la temperatura se volvió
imperceptible, copita había arribado no solo a su jaula sino a su corazón.
Calancho tragó duro, y aguantó con todas sus fuerzas para que una lágrima se
resbalara por sus bigotes. Se acercaron y con cada centímetro su estado
empeoraba, su corazón latía el doble, el triple de rápido. El silencio ahora
fue el protagonista, aterrorizado, decidió romperlo.
-¿Quién eres?- dijo
tímidamente-¿Qué haces aquí?
-¿quién eres tu viejo?
Aunque orgulloso Calancho
reconoció que no iba a sacar ninguna información de ella de esa manera así que
utilizó una nueva estrategia.- soy el cadete Calancho del batallón CXVII, dueño
de esta jaula desde hace 7 otoños-hizo una pausa-ahora exijo saber quién eres.
-soy copita, de la ciudad cerca
de la frontera.
-¿Cómo terminaste aquí?-dijo
extrañado
-estaba de campo con mi familia…
-¿con tu esposo?-interrumpió
secamente
-¿Qué?, por favor, estaba con mi
hermana mayor y mis padres en un picnic como siempre, yo vi una mariposa con
unos patrones extrañamente hermosos y la seguí hasta perderme -paseo la mirada
por la jaula- supongo que fui hacia el sur de la frontera y lo próximo que supe
es que estaba aquí encerrada hablando contigo.
-bueno señorita supongo que le
servirá de lección para la próxima vida nunca se distraiga en una guerra. No
puedo hablar mal de este campo, de hecho es muy cómodo, he vivido tranquilo
durante siete años, también está Chuao, ramón, José, Claudio, Claudio, armando,
gubs, vagon, Alejandro y enrique. Todos aquí desde hace algún tiempo-miró hacia
la otra jaula-¿verdad Claudio?
-¿Qué?-respondieron los 2 al
unísono
-no tu Claudio, Claudio-un conejo
dio paso al otro-aja, ¿Qué decías?
-que llevamos aquí desde hace
rato, saluda a copita, recién llegada de la ciudad
-si claro que es verdad-dijo
tranquilamente Claudio, aunque en un tono alto para ser oído-mucho gusto dama.
Bienvenida a la familia-sentenció.
Cuando el reloj dio las 8:45 pasaron
dando la ronda de comida de la mañana. Calancho y copita se apresuraron al
plato, copita empezó a devorar como lo hacen solo las doñas amaestradas,
pequeños pero rápidos mordiscos acababan con la comida. El cocodrilo Calancho
paró de seco, y sintió como una corriente por la espalda lo paralizaba de
miedo. Sus ojos negros se abrieron de par en par y su mirada se posó
perdidamente sobre la comida. -Dios mío, pensara que soy un inútil, alguien
extremadamente débil- dijo para sí. No pudo moverse por unos cuantos minutos,
pensó infinidades de excusas y cuando ella preguntó que pasaba el eligió la mas
estúpida para responder.
-no tengo hambre ahorita si
quieres te lo terminas y como a la noche-dijo en un tono algo preocupado.
Las horas se hicieron
interminables, Calancho solo interrumpía el incómodo silencio para hacer
comentarios que apenas salían de su boca se arrepentía de siquiera haberlos
pensado. Cuando llegó el turno de la noche de la comida Calancho uso la excusa
que paso todo el día inventando, no me siento muy bien, come tú que no tengo
ganas de comer. Así la noche se hizo oscura y fría, algo que copita no manejó
muy bien. El frio se hizo insoportable, el temblor empezó a sacudir su bien
cuidado pelaje. Calancho al notar esto dio 3 fuertes brincos y se posó a su
lado.- ¿todo bien señorita?-
-por favor dime copita, ese es mi
nombre, o al menos copa si te molesta-dijo temblorosamente
-con que el frio no la deja
dormir-y delicadamente se colocó lateralmente a la temblorosa criatura. Como
era un poco mas grande y gordo que ella el efecto se sintió inmediatamente.
-gracias viejo
-por favor dime Calancho.
A la mañana siguiente el hambre
era casi insoportable, si no fuera por la presencia de la recién llegada, el
cadete estuviera comiéndose su oreja derecha, siempre pensó que si algún día no
tuviera que comer empezaría por comerse esa oreja -igual tengo la otra es mas
bonita y hace el mismo trabajo- pensaba. Y aun así algo extraño pasaba, cuando
la veía no podía dejar de sonreír, quería impresionarla pero no podía hacer el
triple salto mortal por la modestia de la jaula. El hambre se hizo mas
placentero cuando le buscó conversación y empezaron a hablar de sus aventuras.
Del pasado de Calancho salieron cientos de historias, grandes batallas, planes
de ataque, de sus humildes principios como su origen de una madriguera, hermano
del medio con 14 hermanos mayores y 13 menores. Del pasado de ella salieron sus
paseos matutinos, sus comodidades de ciudad y de los emocionantes viajes que
hacían para tener su picnic bimensual. Hablaron durante horas, especialmente
ella explicando la ciudad y la idiosincrasia de sus habitantes. Calancho se
fascinaba cada vez que ella hablaba, decía algo increíble y a los 2 minutos
decía algo muchísimo mejor. En la noche como una sorpresa la ración cayó en el
plato y cada tintineo de la comida fue haciéndose mayor y mayor preocupando al
pobre Calancho. Pensó en una táctica de distracción, como decía su general
Navaja en los entrenamientos-muchachos la guerra se trata de quien agarró a
quien cagando por sorpresa.
-hey copita, ¿viste esas flores
que están por allá?- con la boca hizo una mueca apuntando a unos cilantros que
ya habían florecido, cuando copita volteo él en un movimiento rápido tomo una
pequeña pieza de comida con la boca, ya la estaba saboreando cuando copita
volteo-¿Cuáles?-respondió ella- el asustado de que su amor lo viera llorar dejó
caer el pedacito de comida y volvió a señalar los cilantros con su boca. Cuando
volteo él fue mas rápido aun pero ella no le impresionó para nada esas flores
comunes, estaba acostumbrada a rosas y tulipanes no simples cilantros. El
desespero creció en el como una bestia,
ya al sexto intento de intentar comer, cuando vio que no era fácil de sorprender desistió de su
táctica- ojala el general navaja estuviera aquí, el sabría que hacer-.
En un momento de uso del baño que
era la esquina mas alejada de la comida, Calancho se dio la vuelta y puso su
hocico pegado a las rejas. Su vecino del frente preocupado del nuevo estilo
anoréxico de vida de su compañero le dijo susurrando- *pst**pst* cocodrilo, hey
cocodrilo ¿qué estás haciendo?-
-*shhh* no me digas así gubs que
te puede escuchar copi…-
-pero que haces, te ves terrible
e hipnotizado, estas sonriendo, estoy muy preocupado ¿estás bien?, ¿acaso esa
conejita te dio algo que trajo de la ciudad?
-estoy bien, estoy bien-replicó
Calancho mientras volteaba a ver el estado de copita- tengo algo de miedo de
que me vea llorar dirá que soy un pendejo-
-no, dirá que eres sensible y le
gustaras a las mujeres le gusta eso-
-que sabes tú de mujeres gubs
llevas aquí desde que eras una cría, ya no aguanto como quisiera probar de
nuevo alg..- se interrumpió porque copita había terminado sus
evacuaciones-¡fuerza cocodrilo!-gritó gubs
-¿que fue eso?- pregunto
extrañada
-nada de lo que debas
preocuparte-
En la noche Calancho ni intentó
inventar escusas, ni tratar de distraerla, simplemente se quedó al final de la
jaula y vio como copita devoraba la comida. En un punto ella volteo y le
ofreció, él se reusó con respeto. Entrada la noche empezaron a hablar de nuevo,
pero el esfuerzo que él hacía para mantener una conversación era sobreconejo.
Cuando ella iba explicando que comió en su novena salida de picnic él no se
pudo aguantar mas. La interrumpió, se disculpó por ello pero muy educadamente y
con un tono de desespero dijo- tengo algo que confesar, tú me gu.. ¡CADA VEZ
QUE COMO LLORO!-la cara de copita formó una extraña expresión y antes que ella
pudiera decir algo el prosiguió-en la guerra cuando huía de una extinción
segura me tropecé con un sembradío de ajos, habían muchas trampas enemigas
alrededor y tratando de esquivar una me clavé una rama de ajo, para mi
desgracia, una infección hizo la herida mucho peor y me quedó esta
cicatriz-abrió la boca y le enseñó la cicatriz del paladar superior-y bueno en
realidad me pareces una conejita hermosa y realmente me gustas-empezó a exhalar
rápidamente, el corazón le latía por 10 veces en comparación de la primera vez
que la vio. No se había dado cuenta que tenía los ojos cerrados, cuando los
abrió, sas copita le clavó un beso en todos sus bigotes.
En la mañana siguiente luego de
pasar una noche solo como los conejos saben, a copita la despertaron los
sonidos de la comida cayendo en el plato. Se levantó y fue a comer, se volvió y
noto que Calancho seguía donde estaba, se acercó y con su hocico intento
moverle la cabeza para despertarlo pero no hubo respuesta. Ella insistió pero
nada. Las campanas volvieron a sonar y las cadenas a cantar. Una mano removió a
Calancho de su jaula para siempre.
FIN